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Iglesia de Cristo Maranatha
Miércoles, 08 Enero 2014 00:00

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengue.”

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La idea no es que solamente entendamos que el Señor nos llamó para buscar la perfección en Cristo, a buscar la estatura del varón perfecto, sino también a ser una iglesia que cumpla la misión la cual el Señor nos ha dejado, porque para nosotros hubiese sido bueno que en el momento en que nos convertimos el Señor nos llevará, pero nos dejó acá con una razón y es que hagamos la voluntad del Padre.

Ha habido cambios dentro de la iglesia que nos han hecho ceder terreno, porque hemos mutado, pero no hemos sido transformados y por eso hay muchas que se deben dar dentro de la iglesia para ser conducidos al arrepentimiento con todas nuestras fuerzas y con todo nuestro corazón, y eso humanamente no lo podemos hacer si Dios no interviene.

Lo que Dios busca es mujeres y hombres que se dispongan y que se levanten en el nombre del Señor para poder ser los instrumentos que Dios va utilizar. Cada uno debe disponer a lo que Dios quiere que hagamos y debemos entender que si nos disponemos a la voluntad de Dios es allí donde nos utilizará para que seamos un agente de cambio.

Juan 3:30

"Es necesario que él crezca, pero que yo mengue."

Cuando Juan da esta declaración la da ante sus discípulos y les expresa que ese era el final de su vida, el propósito por el cual Dios lo envío se había cumplido y que les dice que era necesario que él menguara para que Dios surgiera. Juan era un mensajero, el último profeta del antiguo pacto, el último santo de la isla y a Juan le escogieron cómo sería su vida, desde antes que naciera ya estaba establecida la ruta que tomaría. Juan fue el más grande entre los hombres del antiguo pacto.

Pero luego la Palabra habla de que nosotros somos mayores que Juan y hay una demanda grande de qué entendamos para lo cual el Señor nos ha llamado y el reto es que ¿si verdaderamente estamos dispuestos a ser lo que Dios quiere que seamos? Porque si eso es lo queremos, es necesario mengüemos para que Él crezca y es allí donde se nos complica la situación, porque vemos una iglesia que no está centrada en la voluntad de Dios, sino en el deseo de los hombres.

Lamentablemente, el Señor no es nuestra prioridad, ni tampoco el Reino ¿Cómo podemos esperar que surjan mujeres y hombres de una iglesia donde han perdido su prioridad en el Reino y su prioridad en el Señor? Porque todos buscamos reconocimiento o ser alguien, pero es necesario que Él crezca y que nosotros mengüemos. Debemos entender que Dios no quiere solamente salvarnos del infierno, sino también salvarnos de nosotros mismos, de lo que somos.

Debemos vaciarnos de lo que nosotros somos para poder ser llenos de lo que Él es y ese es nuestro propósito. Mientras tengamos mucho de lo nuestro vamos a estar confiando en lo que no debemos confiar. Mientras confiemos en lo que somos jamás podremos tener la capacidad de reducirnos a la nada para que nos llene y se manifieste a través de nosotros.

Dios logrará su propósito conforme mengue lo que somos y crezca Él en nosotros.

El problema es que muchos utilizamos a la iglesia como un trampolín para lo que nosotros queremos, pero no a lo que Dios quiere de nosotros, queremos hacer lo que creemos que Dios quiere, pero seguimos sin hacer verdaderamente su voluntad.

Dios nos ha llamado a ser discípulos, a ir y alcanzar a los perdidos, a hacer discípulos, no a ejecutar un talento. El problema es que cada uno, dentro de la iglesia, ha encontrado un lugar donde se siente cómodo y es lo único que está dispuesto a dar; pero hay que entender que si vamos a responder a un llamado del Señor no podemos entrar con esa clase de pensamiento. Hacemos tratos con el Señor, pero no estamos respondiendo al llamado, no estamos respondiendo a su voluntad, porque estamos respondiendo a lo que nosotros queremos y mientras funcionemos en base a lo que nosotros queremos jamás vamos a menguar, porque el centro de nuestra vida somos nosotros mismos.

Salmo 8:3-4

"Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?"

Cuando vemos la creación, los cielos, la tierra, la naturaleza, incluso cuando vemos la forma en cómo funcionamos, tenemos que entender que hay un Dios grandioso que no podemos contener en nuestra mente finita todo lo que Dios es, pero sin embargo la Palabra dice que ha puesto memoria en quien es el hombre y si Dios puso su mirada en nosotros y nos ha llamado debemos sentir más que agradecidos y honrados, como para que digamos que es necesario que nosotros vengamos a menguar para que Él sea.

1 Corintios 1:26-29

"Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia."

¿Creemos que Dios necesita de nuestra ayuda o de nuestras habilidades naturales? Dios no necesita nada de nosotros. Lo único que pide Dios de nosotros es una entrega total de nuestra voluntad, para quienes estén dispuestos a ser reducidos a nada ante sus propios ojos puedan ver que de la nada Dios levanta algo para alabanza y gloria de su nombre.

No somos absolutamente nada sin Él, no tenemos capacidad, no tenemos fuerza para poder vencer, no tenemos sabiduría, no tenemos habilidad, ni ingenio, no podemos dominar ni nuestro propio carácter, si no dependemos de su gracia, de misericordia nada podemos hacer.

La habilidad de Dios de hacer de nosotros algo de la nada nos va a revelar lo que es su gracia. La gracia es algo que desconocemos por no haber menguado y sin esta no hay transformación, porque la única forma en que podemos ser transformados en la criatura nueva que somos, es por la gracia del Señor.

Si en algún momento algo surge de nosotros para traer bendición es porque la mano de Dios intervino, es porque la gracia de Dios intervino, de modo que cuando lo demás y nosotros mismos lo veamos nos sorprenderemos de la grandeza del Señor, porque la gloria es solamente para el Señor.

Hebreos 10 : 5-9

"Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí. Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último."

Si para el hecho de que le dieran un cuerpo fue para que hiciera la voluntad del Padre y Cristo es la cabeza de la iglesia, entonces nosotros estamos para hacer la voluntad de Él ¿Actualmente la voluntad de quién hacemos? Hay muchas cosas que nosotros creemos, pero están fuera de voluntad del Señor y como nos cuesta entender que nuestros pensamientos no son conforme a sus pensamientos y nos es difícil llevar nuestros planes a la cruz y ver qué es lo que dice el Señor sobre ellos. Dios está esperando hombres y mujeres que estén dispuestos a estar en su voluntad.

Dios no busca ofrenda y sacrificios; los religiosos presentaban ofrendas y sacrificios como una costumbre, como una rutina, pero lejos de la voluntad de Dios.

Mateo 16:24-25

"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará."

Dios no le va a hablar a personas que no quieren adquirir compromiso, por lo que debemos ser discípulos.

¿Qué es lo que nos está pidiendo el Señor? Negarnos a nosotros mismos y tomar nuestra cruz para que entremos en un proceso de llegar a ser nada, para que Él lo llene todo, para que lo que ahora vivamos lo vivamos por Cristo "ya no vivo yo, más Cristo vive en mí".

Para que Moisés pudiera ser usado por el Señor tuvo que ser vaciado de sí mismo y tuvieron que pasar 40 años para inutilizarlo de toda habilidad, porque mientras él pensaba que podía hacerlo ese pensamiento era un impedimento para que realmente Dios lo pudiera usar. Nuestro problema es que no nos hemos metido a los tratos de Dios para vaciarnos de nosotros mismos. Las cosas que nos impresionan a nosotros, no impresionan al Señor.

Cuando Dios llama a Moisés le dice "yo no te sirvo, soy torpe, inútil, tartamudo, no me van a creer" pero cuando presentó todo eso delante del Señor le dijo "ahora sí me sirves" porque lo vil y lo menospreciado es lo que a Dios le sirve y por eso debemos tener cuidado cuando Dios nos usa para no volvernos altivos.

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