Todo lo puedo en Cristo. El Señor nos advirtió en San Juan 16:33 que en el mundo tendríamos aflicción. Hemos entonces de permitir que el Señor nos enseñe a pasar este tiempo de crisis, problemas, o ajustes. En el presente estudio repasaremos lo que el apóstol Pablo aprendió en sus experiencias de vida. Comencemos compartiendo el siguiente pasaje: <!--[if !supportLists]-->o <!--[endif]-->Filipenses 4: 10 – 13. “Me alegré grandemente en el Señor de que ya al fin habéis reavivado vuestro cuidado para conmigo; en verdad, antes os preocupabais, pero os faltaba la oportunidad. No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Versión La Biblia de las Américas) Es necesario tanto aprender a vivir en escasez como en abundancia. Y decimos también en la abundancia, porque aunque parezca fácil atravesarla – mucho más que la escasez – en ocasiones la abundancia nos hecha a perder, nos desvía. Pablo nos testifica de un secreto aprendido. Él comienza su testimonio con una muestra de gratitud del interés que la iglesia vuelve a tomar hacia él. Interés que habían dejado a un lado, pero repentinamente vuelven a recordarle sintiendo una carga financiera por él. Sin embargo, Pablo les recuerda que su alegría, o su gozo, no se debe a sus necesidades materiales satisfechas – porque él sabe estar en cualquier tipo de circunstancia y estar satisfecho – (versículo 11), sino a lo que ha aprendido de parte del Señor: contentarse en todo tiempo. Porque el verdadero contentamiento suyo no está en las circunstancias que atraviesa, sino en el Señor mismo que está con él en toda circunstancia. Lo mismo tenemos que aprender nosotros, recibir esta lección de vida; la cual es tener contentamiento sin importar la situación que atravesemos; sino por saber que hemos conocido al Rey de reyes y Señor de señores. <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Filipenses 4: 12 En el Camino que estamos, todas las cosas que pasemos en nuestra vida nos ayudarán a bien (Romanos 8:28). Pablo remarca que ha aprendido “el secreto” (ver versión La Biblia de las Américas), (y él era un hombre como nosotros, de carne y hueso), de vivir en toda circunstancia con contentamiento. Cuando Pablo dice que aprendió el secreto, hay una palabra griega allí: “mueo” que significa “iniciar en los misterios”. Son experiencias de vida aplicadas al corazón por el Espíritu Santo. Esta palabra, mueo, está utilizada en voz pasiva, porque no es algo que podamos aprender nosotros en nuestra alma, por propio esfuezo, sino que tiene que ser el Espíritu obrando. Separados del Señor nada podemos hacer. Hay circunstancias donde no encontraremos respuestas humanamente satisfactorias, pero como Job: alabémoslo en todo tiempo, porque Él no falla. Nunca. Nosotros necesitamos aprender el secreto que Pablo aprendió, sino caeremos muchas veces en desesperación. Dios revela estos misterios, los cuales no son para todos, sino que la Palabra explica que son para los que le temen. La Biblia dice que Dios no hace acepción de personas (Deuteronomio 10: 17; Job 34:19; Romanos 2:11), por lo tanto el problema de que algunas personas no reciban la revelación de estos misterios no es por Él, sino porque hay gente que no le teme y no puede recibir su revelación. Dice el Salmo 25: 14 “Los secretos del Señor son para los que le temen, y él es hará conocer su pacto”. Cuando yo tengo íntima comunión con el Señor, y hay una comunicación directa con Él puedo conocerlo. Porque eso es la comunión, una comunicación directa con Dios, donde permito que el Espíritu Santo me guíe, y yo respondo a las demandas del Señor, porque entiendo que encontrarme con él fue lo más grande que pudo suceder en mi vida, y ahora que lo he conocido quiero seguir conociéndolo. Pablo logró esta intimidad, por eso el poder expresar que todo lo puede en Cristo es producto de su comunión con él. Por esta misma causa decía que el evangelio no se lo había enseñado hombre alguno (Gálatas 1:12). Es igual con nosotros, porque nos pueden dar clases magistrales de teología, pero no nos pueden mostrar quién es Cristo: eso sólo lo puede revelar el Espíritu. En todo tiempo hay una lección de vida que el Señor quiere traer. Y no hay arma forjada que se pueda levantar contra el conocimiento que el Señor nos da por la revelación de su Espíritu. Las lecciones de vida de Pablo <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Hechos 14: 19 Los judíos de Antioquia e Iconio, habiendo persuadido a la multitud, apedrearon a Pablo, de tal manera que llegaron a pensar que estaba muerto. Bajo las falsas doctrinas que hoy se manejan sobre prosperidad, ¿qué hubieran dicho sobre esto?: “Dios se apartó de él, seguro estaba en pecado”. Pero no fue así, en medio de esta circunstancia - permitida por Dios - Pablo testificaba y aprendía acerca de lo que Dios es; mirando en una dimensión distinta, dándole la bienvenida a ese padecimiento si era por causa de Cristo. No significa que tenemos que pasar exactamente esto, pero a cada uno le toca vivir algo diferente que nos es dificultoso, y debemos recordar que Cristo es el mismo por todos los siglos. <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Hechos 16: 22 – 25. A Pablo lo avergonzaron, lo humillaron, y lo golpearon duramente para luego encarcelarlo. Sin embargo, él a media noche comienza a alabar y a orar. No se fija en su condición física, o si tenía ganas de alabar – como muchas veces lo hacemos nosotros y dejamos de alabar y adorar por un dolor de cabeza - en medio de una situación difícil Pablo y Silas (que conocían el secreto) se disponen a adorar. <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->2 Corintios 4: 7 – 11. En cada situación difícil que sucede en nuestra vida, morimos un poco a nosotros mismos. Pero en medio de esa muerte se manifiesta la vida de Cristo. ¿Cómo no alabar a Dios – por ejemplo – cuando vemos vidas transformadas? Fue en estas situaciones difíciles que Pablo aprendió que en su debilidad, Dios era fuerte. <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->2 Corintios 6: 4 – 5 Pero también está la otra cara de la moneda, donde Pablo aprendió a estar en abundancia: <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Hechos 16: 14 – 15. Lidia era comerciante, y vendía telas caras, e invita a Pablo a su casa. Qué bendición los hermanos que hospedan con alegría. Y Pablo no era un aprovechado, era un hombre agradecido. Lamentablemente, en el evangelio, hay mucha gente que se aprovecha de los hermanos. Otros ejemplos a repasar: <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Hechos 16: 40 <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Hechos 16: 33 – 34 El mismo que le encarceló, cuidó de él. <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Proverbios 30: 8 – 9 <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Filipenses 4: 13 Ahora recordemos este pasaje conocido: <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->2 Corintios 12: 9 – 10 Muchas interpretaciones hay acerca de qué era este aguijón, pero sin importar qué fuera, lo que sí nos interesa es ver que Pablo aprendió que necesitaba al Señor a través de dicho aguijón. A veces el Señor no nos quita algo que pedimos, porque está tratando un área nuestra a través de ello. El aguijón le ayudó a Pablo a depender del Señor, y cuando entendió eso: le glorificó. ¿Qué nos está enseñando el Señor a través de lo que estamos viviendo? Recordemos algunos versículos que nos muestran la fidelidad de Dios: <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->1 Timoteo 1: 12 <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Filipenses 4: 19 – 20 <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Salmo 23 <!--[if !supportLists]-->v <!--[endif]-->Salmo 91 Como también la forma en que el Señor acompañó a Abraham, a Jacob, a José, a Elías, a la viuda de Sarepta. Etc. El recordatorio en el Nuevo Testamento es que si Él cuida de las aves y las flores del campo, cuánto más cuidará de nosotros sus hijos (Mateo 6:26). Él prometió estar con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo. Por tanto no debemos temer o desmayar porque Él está con nosotros. Él es nuestra provisión, y Él tiene que ser nuestro contentamiento. Habiendo aprendido que en todo tiempo podemos decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Dios los bendiga. Jorge Juarez |