Algo que nosotros debemos experimentar para poder tener relación con Dios, definitivamente es la gracia del Señor. Si no fuera por su gracia ninguno podría tener un acercamiento al Padre. Pero de tal manera Dios nos amó que dio a su Hijo unigénito para que a través del sacrificio de su Hijo recibiéramos perdón y reconciliación con un Dios que quiere relacionarse con nosotros. (San Juan 3:16)
La iniciativa de ese paso de amor, no lo dimos nosotros los hombres, sino el Señor, quien no quiere que ninguno perezca. (2 Pedro 3:9)Si uno no experimenta la gracia de Dios en nuestra vida, siempre habrá acusación contra nosotros: de parte del acusador – el diablo -, o por los desaciertos que cometemos que traen culpa. Sin embargo, Dios en su gracia ha cubierto nuestros pecados y ha tenido misericordia, para que nosotros entendamos que tenemos libre acceso a su presencia, y ya nosotros no tenemos excusa para no establecer una relación correcta con el Señor. ¿Quién de nosotros pudiera hoy entrar al Lugar Santísimo si no fuera por la gracia de Dios en nuestra vida? ¿Quién de nosotros puede ser merecedor por mérito propio de estar delante de su presencia? Ninguno. Por lo cual debemos aprovechar la gracia de Dios sobre nuestra vida para establecer una buena relación – de confianza – con Dios, que venga a desarrollar cambio en nosotros: que desarrolle VIDA. Porque separados de Él absolutamente nada podemos hacer. (San Juan 15:5)
Es interesante ver en San Juan que Jesús llega como invitado a esta boda. (Debemos recordar que cada cosa escrita en la Biblia, si bien es un registro histórico de lo ocurrido, también tiene una aplicación práctica para nuestra vida hoy). En el inicio de esa boda se termina el vino.Cuando en la Biblia se habla de vino, simbólicamente se está refiriendo al gozo: el vino es figura del gozo.Eso nos hace entrever:
1- Hay muchas personas que hace tiempo se les ha acabado el vino en su vida: a nivel matrimonial, a nivel personal con los desaciertos cometidos, por sus pecados, por no haber aprovechado las oportunidades. Son personas que la van pasando, pero no tienen gozo, alegría: no tienen vino.En medio de lo que sucedió estaba Jesús presente, pero hubiera pasado desapercibido si no hubiera estado allí su madre; lo cual nos lleva al segundo punto a tomar en cuenta:
2- Hay mucha gente sin vino con un Jesús presente, pero con un Jesús pasivo. No le dan lugar para que obre. Jesús está ahí sin intervenir para poder transformar nuestra vida y sin que nuestro lamento se convierta en baile.
3- El tercer punto a observar es que si bien ahí estaban los discípulos del Señor, quien interviene para que las cosas cambien es María – la madre de Jesús - ¿Por qué María al saber la necesidad que hay, interviene para pedirle a Jesús - quien podía realizar un cambio - un milagro? Lo conoce, entendía que él era el Hijo de Dios y podía hacerlo, pero sobre todo tenía relación con él, contacto, confianza. No sólo por haberlo llevado en sus entrañas, sino porque estableció una relación con él.Necesitamos entender que Jesús es confiable; que es el mismo de ayer, hoy y siempre, y que no hay nada imposible para Él. Pero debemos establecer una relación de confianza para poder acercarnos todo el tiempo a Él.
La misma relación que María desarrolló con Él, es la misma relación que sus discípulos iban a desarrollar con Jesús. Una relación donde iban a empezar a conocerlo; donde Jesús manifestaría quién era, donde los instruiría, y los haría dependiente de Él. Y esa relación con Jesús los cambió, los preparó para ser lanzados a cumplir su misión.Si no establecemos una relación con Jesús: la religión no nos va cambiar. Ahora pongamos atención a esto: viene María y le indica a los siervos de la boda: “hagan todo lo que Él les pida”. Hay mucho mensaje enfocado en el éxito en el día de hoy, y Dios no quiere que fracasemos, Él viene por una iglesia más que vencedora, sin embargo ¿por qué muchas veces no vemos este resultado del evangelio en nuestra vida? Porque no hemos aprendido a hacer todo lo que Él nos dice. No podemos ver un fruto si no establecemos el señorío de Cristo en nuestra vida, lo cual no podemos hacer si no permitimos que el Espíritu Santo que nos fue dejado, nos enseñe a tener una relación correcta con el Señor.Nos encontramos hoy con muchos cristianos que llegan los domingos a la iglesia en busca de un “Red Bull espiritual”, un vigorizante que les anime en el momento, pero eso no va a cambiar ni su cansancio, ni su fatiga, ni su realidad. Porque lo que necesitamos es una relación continua, constante, estemos en victoria o en valles de sombra de muerte. La relación con el Señor es lo que nos va a permitir salir en victoria, porque estamos en medio de un mundo donde Él mismo nos advirtió que tendríamos aflicción. (San Juan 16:33).Necesitamos establecer el Señorío del espíritu de su Palabra, vivir una vida de obediencia en esa relación. La relación se establece porque hay un vínculo de amor. En él estamos bien, cuando nos acercamos a Él no nos está esperando con reproches, ni con juicios, sino que establece un principio de relación que nos haga crecer y desarrollar vida: vida y vida en abundancia. Volviendo al pasaje de Juan, vemos que el Señor les da una recomendación a los siervos. Dice la Palabra que había seis tinajas. El seis en la Palabra representa lo humano, por lo cual lo que el Señor quiere enseñar es que esas tinajas son figura de nosotros los hombres, quienes tenemos que ser llenos ¿con qué? Con el agua de la Palabra.El hecho de que seamos llenos del agua de la Palabra, va a permitir que sobre esa palabra Dios venga a hacer cambios en nuestra vida convirtiendo ese agua en vino.¿Por qué mucha gente siendo conocedora de la Palabra vive una vida sin sabor? Porque por alguna razón, todo lo que el hombre ha hecho en lugar de establecer relación es llenarse de religión, y llenarse de conceptos bíblicos; pero sus vidas son vidas llenas de agua, pero no de gozo. Lamentablemente uno de los errores que hemos cometido es cambiar la relación por la religión, y algo que tenemos que hacer en estos tiempos es desaprender lo que hemos aprendido en la carne, pero no en el Espíritu.Hay mucha gente que se ha llenado de conocimiento, aparentemente bíblico, pero cuando no proviene de la relación correcta la forma en que nosotros estamos percibiendo la Palabra no es conforme a la revelación del Espíritu. Nos llenamos de conceptos, de legalismo, de misticismo, que en lugar de acercarnos a esa relación de transformación: nos aleja, nos separa, nos hace quedarnos en una situación donde no crecemos. Para este tipo de personas, el evangelio no es una fuente que cambia el lamento en baile, y terminan acudiendo a recursos humanos para intentar motivar algo que solo Dios puede transformar y cambiar. No se trata de fabricar avivamientos, ni gozo, ni música para sentir algo: sino de mantener una relación con el Dios que realmente puede transformar y ocasionar que la Palabra tome vida.¿Cuál es el problema de muchos creyentes? La falta de relación. Eso no significa que no oren, no ayunen o no sepan Biblia; pero el problema es que creen que ESO es la relación. Hay gente que cree que asistiendo a la iglesia los domingos ya tiene relación con Dios. Durante la semana no acude nunca a la Palabra, nunca tiene pastoreo porque no ha aprendido a oír la voz del Pastor.No es que no tengan vida, o no sean salvos, y hasta podrían decir “mi condición humana me limita”, y justamente por el hecho de que tenemos limitantes necesitamos relacionarnos con el Buen Pastor. Hemos cambiado lo que realmente nos puede beneficiar: el hecho de haber sido reconciliados. Un segundo ejemplo de relación: la amistad de Jesús con María, Marta y Lázaro.Pasaje: Lucas 10: 38-42. El Señor Jesús tenía amistad con esta familia de Betania. Cuando Lázaro enfermó mandaron a llamar a su amigo Jesús.Pero en el pasaje que abordamos ahora es la primera ocasión en la que aparece Jesús llegando a la casa de esta familia.La primera situación que quiero resaltar es la de Lázaro: en esta primera ocasión él estaba ausente. Probablemente tenía otras prioridades, tal vez le aburría el discipulado, el punto es que decidió irse: era una relación de lejos. Pero luego están las situaciones de Marta y María. Marta elige buscar los quehaceres: era un afán motivado por servir al Señor, no estaba sirviendo a otro dios, u ocupándose de otra cosa, pero en ese servicio al Señor no estaba estableciendo relación.Hay gente que sirve y cree que en el servicio está la relación, pero no se dan cuenta de que muchas veces el servicio sólo es un motivo para descuidar la mejor parte de este evangelio. La meta no es el servicio, la prioridad no es el servicio. Hay mucha gente que está afanada, y hace cosas en el nombre del Señor – y no está mal hacerlo – pero sí está mal sustituir la relación por el servicio. Incluso hay gente que se siente satisfecha por el servicio, porque les hace sentirse importante. Sin embargo, si miramos la actitud de María vemos que llega y se pone a los pies del Señor. Esto es muy importante porque nuestra relación con el Señor no es una relación entre iguales, y algunos de nosotros llegamos al Señor queriéndolo tratar de igual a igual. Tenemos que entender que nuestra relación con Dios nos revela tanto nuestra verdadera condición, como la verdadera condición del Santo, eso ocasiona que digamos “¿quién es el hombre para que le visites?” (Hb. 2:6).María al postrarse, se puso en una posición debajo del Señor aceptando su autoridad y reconociendo que aunque se hizo semejante al hombre, Él es Dios.Y a nosotros también esto nos ha sido revelado no por carne o sangre, sino nuestro Padre en los cielos. No para verle de lejos sino para establecer una relación con Él.Algunos presumen de sus relaciones con hombres en puestos de poder terrenales, sin embargo nosotros tenemos relación con el creador del Universo, y eso no tiene comparación alguna. Sin embargo ¿cuál es nuestro problema como iglesia? : lo vemos de igual a igual, y eso nos impide entrar en relación con Él, porque estamos en una posición de orgullo y altivez. El Señor llama a Marta y le dice “Marta, Marta, afanada y turbada estás” y luego le dice “María ha escogido la mejor parte, la cual no le será quitada”. ¿Es una Palabra de reproche de parte del Señor a Marta? ¿Le habrá hablado en tono áspero? ¿Así lo imaginamos? Algunos por malas experiencias con sus padres terrenales imaginan a un Dios drástico, acusador. Pero Dios no se comporta así, porque su misericordia y gracia están para nosotros cuando vamos ante Él arrepentidos. ¿Por qué el Hijo pródigo se atrevió a regresar a la casa del padre? Por la sencilla razón de que era hijo. Cuando el Señor le muestra a Marta que María está escogiendo la mejor parte, es porque está escogiendo la relación, y no hay nada mejor que sustituya eso.Dios nos ve perfectos y santos, porque ve sobre nosotros la sangre preciosa de Cristo que nos cubre, y nos permite acercarnos a Él. ¿Eso nos habilita una licencia para pecar? De ninguna manera. Cuando nosotros entramos a esa relación correcta con el Señor, lo último que vendrá a nuestra mente son deseos de pecar, porque se establece una relación de amor, y de temor reverente a Dios.Tenemos que aprender a escoger la mejor parte, la cual no nos será quitada; porque no proviene de hombre alguno, sino de Dios. Pablo decía “este evangelio no me lo enseñó hombre alguno”. (Gálatas 1:11 – 12).La experiencia, el conocer algo, permite que nosotros hablemos con autoridad de algo. Como recomendar un mecánico a otra persona porque ha atendido eficientemente los carros de toda nuestra familia, es porque conocemos su trabajo. Lo mismo es con Dios.¿Qué es lo que hizo que el Gadareno (Marcos 5: 1 – 20) recorriera las diez ciudades hablando de Jesús como libertador? El hecho de que experimentó libertad por Jesús en medio de su cautividad. Este evangelio es experiencia, vida, transformación, cambio. ¿Qué sucede en Betania en el tiempo de prueba? Lázaro muere y es llevado al sepulcro. (San Juan 11: 17 – 44) Marta se apresura cuando ve venir a Jesús y le reprocha “si hubieras estado acá, mi hermano no hubiera muerto”, y todavía ante las palabras de Jesús, Marta comienza a explicarle teología al Señor acerca de la muerte y la resurrección al final de los tiempos.Para Marta el Señor no era presente, trasladaba sus promesas siempre hacia un futuro. ¿Qué sucede cuando no tenemos relación? Constantemente desmayamos porque lanzamos todo como historia, o lo proyectamos al futuro, pero Cristo es un presente: al decir que Él es el mismo hoy, ayer y siempre (Hebreos 13:8), quiere decir que Él sigue transformando, sanando, perdonando, salvando: nada hay imposible para Él. En Él estamos esperando, Él es nuestro pastor, podemos confiar en Él, adorarle, alabarle, darle gloria.Y si en los cultos gritamos, exaltamos, y damos gloria a Dios, pero al salir desmayamos y entramos en un desasosiego ¿dónde está la realidad del Señor en nuestra vida? Otro relato acerca de esta familia nos muestra a Lázaro resucitado, a Marta sirviendo y a María a los pies del Señor derramando el mejor perfume. (San Marcos 14: 3 – 9) ¿Por qué María rompió el alabastro, y no midió el costo? ¿Qué despertó eso en María? Su relación con el Señor, la llevó a amarlo y a estar agradecida.Hay gente que delante de la presencia del Señor no puede expresar gozo, ni adoración, ni alabanza; y ponen excusas como “no me gusta esa música”, sin entender que el tiempo del culto no es para nosotros sino para el Señor. Somos incapaces de quebrar nuestro alabastro, y sentir agradecimiento si no hemos logrado establecer una relación con el Señor y hemos comprendido que vivimos y morimos por y para Él. Sin relación todo será una apariencia, que lamentaré en mi diario vivir, porque no estaré viviendo acorde a lo que profeso. Cuando el Señor asciende hay dos acontecimientos a tener en cuenta. La primera es cuando Pedro y Juan llegan a la puerta del templo en Jerusalén La Hermosa, donde hay un cojo pidiendo limosna. (Hechos 3)¿Qué hacen ellos ante la necesidad del cojo? Le dan lo que tienen. El cojo pedía dinero, ellos no lo tenían pero tenían más que dinero.Hay personas que se lamentan por no tener dinero, se les fue el gozo porque se les acabó la plata. Pero el que tiene relación tiene más que oro y plata, y la capacidad de dar algo que el mundo no puede dar: la realidad de Cristo. El mundo está esperando que los hijos de Dios nos levantemos para dar a Cristo. Finalmente está el discurso de Pedro donde se convierten miles de personas, y los que estaban alrededor se maravillaban porque era un hombre sin letra y hablaba con autoridad, reconocían que había estado con Jesús (Hechos 4:13). No necesitamos ser brillantes para impactar al mundo: necesitamos estar con Jesús. Así nuestra vida será transformada y podremos ser ministros de restauración, que llevan gozo, que experimentan la gracia y dan por gracia lo que han recibido por gracia, y no podremos callar sabiendo que tenemos un Dios confiable.